Por Nora O. Lozano
«Cuando se acercaba a Jerusalén, Jesús vio la ciudad y lloró por ella. Dijo:—¡Cómo quisiera que hoy supieras lo que te puede traer paz! Pero eso ahora está oculto a tus ojos. … Te derribarán a ti y a tus hijos dentro de tus murallas. No dejarán piedra sobre piedra, porque no reconociste el tiempo en que Dios vino a salvarte». – Lucas 19:28–48, NVI
Estos 20 versículos están llenos de contrastes: el entusiasmo del pueblo cuando Jesús entró en Jerusalén, la angustia y la compasión de Jesús por el pueblo, y los enemigos de Jesús tratando de encontrar una manera de acabar con Jesús y su mensaje.
Al leer la historia, ¿dónde nos encontramos? ¿Somos como quienes participaron en la entrada triunfal, adorando a Jesús, pero sin reconocer su verdadero mensaje? ¿Somos como los enemigos de Jesús que intentaban ocultar su mensaje? Por supuesto, probablemente no lo hagamos de manera abierta, pero debemos preguntarnos honestamente: «¿Mis acciones y palabras promueven el mensaje de Jesús? ¿Somos como Jesús, dispuestos a sufrir y morir para llevar la verdadera paz, la paz de Dios, a los seres humanos?».
En este pasaje, Jesús llora por Jerusalén y su pueblo porque no pudieron reconocer el tiempo de la visita de Dios, ni lo que les podría traer la verdadera paz. Si Jesús estuviera entre nosotros hoy, ¿lloraría porque nosotros, al igual que el pueblo de Jerusalén, somos incapaces de reconocer los signos de los tiempos?
¿Lloraría Jesús por nuestra falta de acción para promover su mensaje? La historia de la Biblia ocurrió hace siglos y no puede cambiarse. Sin embargo, estamos escribiendo nuestra propia historia. Pidámosle a Dios que nos abra los ojos para que podamos reconocer los signos de los tiempos y cómo Él nos visita hoy en día. Además, pidámosle que nos abra los ojos y nos muestre caminos claros para unirnos a Él y a Jesús en su objetivo de traer la verdadera paz al mundo, una paz llena de amor, justicia y compasión.
¿Es difícil? ¿Es arriesgado? Por supuesto que sí. Sin embargo, no estamos solos en esta tarea divina. Tenemos acceso a la presencia, la ayuda y el poder del Espíritu Santo para ser verdaderos testigos de Jesús y siervos fieles en la obra de Dios en esta tierra.tarea divina. Tenemos acceso a la presencia, la ayuda y el poder del Espíritu Santo para ser verdaderos testigos de Jesús y siervos fieles en la obra de Dios en esta tierra.
Oración: Querido Dios, ayúdanos a reconocer los signos de los tiempos y nuestro verdadero papel en la historia. ¿Estamos, de manera encubierta, obstaculizando tus planes? ¿O estamos abiertos y dispuestos a recibir el poder del Espíritu Santo para ser tus verdaderos seguidores y promover tu paz llena de amor, justicia y compasión? Por favor, ayúdanos a ser tus verdaderos seguidores y a vivir según el ejemplo de Jesús.