Brooke, personal de campo de la CBF

Una noche, mientras estábamos reunidos en el grupo de estudio bíblico, empezamos a hablar sobre religión y cultura. Acabábamos de terminar un estudio sobre otras religiones del mundo, y algunos miembros del grupo lamentaban lo mucho que se había perdido de su cultura cuando los occidentales llegaron para difundir el cristianismo. Muchas de las personas del grupo son cristianas que crecieron en hogares cristianos, y desearían tener una conexión más fuerte con su herencia cultural. Les cuesta entender por qué su cultura tuvo que desaparecer con la llegada del cristianismo.  

Pero entonces, una nueva cristiana tomó la palabra con una perspectiva diferente. Había crecido en un pueblo donde no había ningún cristiano. Cuando se convirtió al cristianismo, no quiso saber nada de su antigua cultura porque le recordaba demasiado a su antigua religión, que ahora había dejado atrás. Quiere que su nueva vida esté libre de la antigua, aunque eso signifique renunciar voluntariamente a partes de su cultura. En una época en la que muchos de nosotros nos centramos en preservar la cultura, quizá renunciar a ella por una nueva vida también sea importante.

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