Por Charles Poole 

A nuestros vecinos inmigrantes, en nombre y en el espíritu de Jesucristo, «lo siento». Lamento profundamente las medidas del Gobierno de los Estados Unidos que han causado tanto miedo y dolor a tantos de nuestros amigos inmigrantes. 

La deportación de inmigrantes indocumentados que no han cometido delitos es un pecado contra millones de nuestros vecinos inmigrantes, y un pecado contra la Ley del Amor, que, según Jesús, es lo más importante de todo. (Mateo 7:12 y 22:34-40)  

El conjunto de las Escrituras deja claro el lugar especial que ocupan los refugiados y los inmigrantes en el corazón de Dios: Éxodo 12:49 dice: «Habrá una sola ley para el ciudadano y para el extranjero». Éxodo 22:21 dice: «No oprimirás al extranjero». Levítico 19:34 dice: «Amarás al extranjero como a ti mismo». Levítico 25:23 dice: «Porque toda la tierra del mundo pertenece a Dios; a los ojos de Dios, todos somos extranjeros». 

Luego, en el Nuevo Testamento, leemos en Mateo 2:13-23 cómo María y José cruzaron las fronteras en busca de un lugar seguro para su hijo, Jesús. La Sagrada Familia: unos refugiados que buscaban refugio frente a la violencia política. 

Es en nombre de ese mismo Jesús, el Jesús que en su día fue hijo de padres solicitantes de asilo, por lo que insto al Gobierno de los Estados Unidos a que se arrepienta de su campaña de miedo contra las personas inmigrantes. Y es en ese mismo santo nombre de Jesús por lo que pido perdón a Dios y a nuestros vecinos inmigrantes por nuestro pecado nacional, xenófobo y antiinmigrante. Amén 


A los ojos de Dios, 

Todas las personas son inmigrantes. 

A los ojos de Dios, 

Todos somos inmigrantes. 

  

Todo el mundo es una familia 

Todo el mundo es bienvenido. 

Todo el mundo es bienvenido,  

En el corazón y en los brazos de Dios. 

 

Todo el mundo es bienvenido, 

Todo el mundo es bienvenido, 

 Porque a los ojos de Dios, 

Todos, sí, todos somos inmigrantes. 

-Pastor Poole 


 

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