Por Lita Sample

¡Dios obró un milagro, y justo en Navidad! Cuando estábamos organizando nuestra fabulosa fiesta de Navidad, fijamos un límite de 250 personas. De esta forma, podríamos gestionar todos los regalos, la comida y las actividades dentro del espacio limitado de la iglesia donde celebramos el evento. Por alguna razón, no se cerró el plazo de inscripción y se fueron apuntando cada vez más familias afganas. ¡Antes de que nos diéramos cuenta, ya se habían inscrito 375 personas para este evento!  

Además, vinieron personas que no se habían inscrito. Había muchísima gente. Sin embargo, el Señor lo tenía todo bajo control. La comida no se agotó como temíamos; de hecho, ¡todos pudieron comer, incluidos nuestros 75 voluntarios! Se acabó justo cuando fui a por mi plato, después de ver que los demás ya habían cogido la suya. ¡Fue algo milagroso! Luego, en cuanto a los regalos, no solo tuvimos suficientes para los niños cuyas familias se habían inscrito, sino también para los muchos que no lo habían hecho. Otro milagro: ¡como si los regalos y la comida se hubieran multiplicado! Por último, aunque había mucha gente y a veces reinaba un poco el caos, al final me reconfortó saber que el Espíritu Santo de Dios había estado obrando.

 Lo más importante fue conectar con la gente de forma personal. Vimos a innumerables afganos y a sus familias con quienes habíamos establecido una relación, así como a otras personas que acabábamos de conocer. Se compartió el Evangelio mientras los niños realizaban actividades en una sala aparte. Además de repartir regalos, gracias a la generosa donación de algunas iglesias, pudimos distribuir mantas y abrigos a las familias que habían acudido. Todos se marcharon con alegría y un sentimiento de amor. Estamos agradecidos porla obra continua de Diosentre el pueblo afgano. 

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