Por Aaron Weaver
SAN LUIS — En su discurso de despedida como moderador de la CBF, el reverendo Juan García lanzó en español un llamamiento conmovedor y profético a los bautistas cooperativos para que asuman su legado como disidentes y actúen con valentía ante la injusticia, durante la sesión de trabajo celebrada el jueves por la mañana en la Asamblea General de 2025 en San Luis.
«En el corazón de nuestra identidad bautista se encuentra el compromiso con la disidencia», declaró García, pastor de la Primera Iglesia Bautista de Newport News, Virginia. «Estamos llamados a oponernos a cualquier ideología que pretenda sustituir a Cristo —su camino, su verdad y su vida— por el poder político, el nacionalismo, la mentira o el miedo».
García, llamando a la comunidad a dar un testimonio valiente, instó: «Este es el momento de demostrar que nuestra lealtad principal, fundamental y definitiva es hacia Cristo, su señorío y su Reino. Este es el momento de dejar de vivir un evangelio cómodo y seguro».
Concluyó instando a los bautistas cooperativos a actuar no por popularidad ni por interés personal, sino por justicia: «Levantaos porque sabéis que es justo y correcto, aunque no sea lo más popular… Hacedlo porque sabéis que es lo que Cristo haría por amor, hasta el Calvario».
Vea el vídeo del discurso del reverendo García y lea la transcripción que figura a continuación, disponible en inglés y español.
Fieles a nuestras raíces como disidentes
I can’t believe a year has already passed—and what a year it has been! A year full of challenges, and at the same time, opportunities to show who we are as the Cooperative Baptist Fellowship to a world that desperately needs the kind of Christian witness that only we are equipped to offer. For me, it has been a privilege to serve this year as Moderator, and to work alongside our Executive Coordinator during the complicated and challenging socio-political moment we are going through.
Quiero expresarles lo orgulloso que me siento de formar parte de esta familia de fe. Una familia que valora a su personal de campo y los años de arduo trabajo que han dedicado a la causa del Evangelio. Una familia de fe que no teme tomar las decisiones difíciles e importantes que hay que tomar, pero que lo hace con amor, con bondad, con respeto y con dignidad, como una comunidad que colabora por el bien común.
Quiero aprovechar esta oportunidad para decirles a todos nuestros colaboradores sobre el terreno —tanto a quienes se han acogido al Programa de Incentivos para la Jubilación Anticipada como a quienes siguen prestando servicio—: ¡gracias! Gracias por responder al llamado de Dios. Gracias por vuestra dedicación y por todos los años de servicio que habéis dedicado a proclamar el Evangelio de Jesucristo. Vuestra presencia, vuestro trabajo y el impacto que habéis tenido —y seguís teniendo— para el Reino de Dios en nuestro mundo es nuestra mejor carta de presentación. ¡Gracias!
Quiero destacar algo importante y valiente que hemos hecho este año. En nuestro compromiso con la libertad religiosa, la autonomía de las iglesias locales y la separación entre Iglesia y Estado, decidimos sumarnos a una acción judicial para restablecer las protecciones de los «lugares sensibles», protecciones que han permitido a nuestras congregaciones practicar su culto y ejercer su ministerio libremente sin temor a ser interrumpidas por el Gobierno.
Esta decisión ha sido especialmente significativa para mí, como pastor de una iglesia de inmigrantes latinos que ha sufrido de lleno los cambios bruscos e inhumanos en la política de inmigración impulsados por el actual Gobierno. Quiero dar las gracias a nuestro Equipo de Defensa por su diligente trabajo en este asunto, y quiero agradecer a nuestra Junta Directiva por haber votado unánimemente a favor de esta medida.
Ahora bien, no pensemos que lo que hicimos fue algo excepcional, algo sin precedentes. ¡De ninguna manera! Esto es precisamente lo que significa ser un seguidor bautista de Cristo. Esto es lo que nos ha caracterizado desde el principio. En el corazón de nuestra identidad bautista se encuentra el compromiso con la disidencia. Siempre hemos sido un pueblo que, ante la injusticia, la corrupción y la coacción —ya sea del Estado, de la Iglesia o de la sociedad—, elige el camino de la conciencia, el camino de la convicción, el camino de Cristo.
Nuestros antepasados se opusieron a la idea de que los gobiernos debieran controlar la Iglesia. Se opusieron a la idea de que la fe pudiera imponerse por la fuerza en lugar de elegirse libremente. Se opusieron a los sistemas que negaban la dignidad de cada creyente, insistiendo, por el contrario, en que cada persona se presenta ante Dios con la libertad y la responsabilidad de buscar la verdad.
Esa disidencia tuvo un alto precio. Muchos de nuestros antepasados fueron perseguidos, encarcelados e incluso asesinados por sus convicciones. Sin embargo, su valentía allanó el camino para que hoy podamos reunirnos aquí, practicando nuestra fe y viviendo según ella con total libertad.
Disentir no significa rebelarse por el simple hecho de rebelarse. ¡En absoluto! Para quienes siguen a Cristo, disentir es un acto de fidelidad: fidelidad al Evangelio, a la llamada de Cristo y al valor sagrado de todas las personas. Y en este momento sociopolítico que estamos viviendo, debemos preguntarnos: ¿A dónde nos llama Dios para dar un testimonio fiel, incluso cuando ese testimonio pueda costarnos algo?
Hermanos y hermanas, estamos llamados a oponernos a cualquier ideología que pretenda sustituir a Cristo —su camino, su verdad y su vida— por el poder político, el nacionalismo, la mentira o el miedo. Como verdaderos bautistas, debemos oponernos a cualquier intento de instrumentalizar el Evangelio para obtener beneficios políticos o de utilizar el nombre de Jesús como arma, en lugar de proclamarlo como buena nueva para los oprimidos, los pobres y los marginados.
Estamos llamados a oponernos a los sistemas que explotan y excluyen. Esta oposición no es opcional: es fundamental para quienes siguen a Cristo, quien acogió e incluyó a todos, especialmente a aquellos a quienes los sistemas sociales rechazaban y excluían.
Hoy debemos preguntarnos: ¿Defenderemos la dignidad de los inmigrantes, los hambrientos, las personas sin hogar, los pobres, los ancianos y los marginados —aquellos a quienes los representantes electos deshumanizan y demonizan—? ¿Nos mantendremos firmes junto al Evangelio de Jesús frente a las injusticias que nuestros representantes electos están cometiendo —o permitiendo que se cometan— contra los más desfavorecidos, que en su mayoría son personas de piel negra o morena?
¿Tendremos el valor de decir la verdad al poder cuando las leyes y prácticas discriminatorias se presenten falsamente como «protección» o «seguridad nacional»? ¿Reivindicaremos y defenderemos nuestro legado como personas que defienden lo que es justo —no por conveniencia política, no solo cuando sea seguro hacerlo, no solo por nosotros mismos y por quienes se parecen a nosotros, sino por todos los hijos de Dios, independientemente de su origen, nacionalidad o circunstancias?
Sé que, como comunidad, tenemos una larga tradición de lucha por la justicia. Hemos alzado la voz y hemos tomado medidas en numerosas ocasiones. Pero podemos hacer más.
Estamos llamados a rebelarnos contra la complacencia en nuestras propias iglesias. Es fácil acomodarse, dejar que el miedo al conflicto y a sus repercusiones nos impida hablar y vivir la verdad del Evangelio con valentía. Pero nuestra fe no está destinada a ser pasiva ni a preservar el statu quo. El mismo Espíritu que dio valor a los profetas, que impulsó a los primeros bautistas a desafiar a los reyes y que movió a quienes fundaron esta Fraternidad en la década de 1990, está en nosotros y con nosotros. Por eso, permitamos que el Espíritu siga obrando libremente y de manera transformadora a través de nosotros hoy.
Hermanos y hermanas, ser un disidente no es fácil. Requiere valor, sabiduría, convicción y una profunda confianza en el Espíritu Santo. Pero no recorremos este camino solos. El propio Señor Jesús fue el mayor disidente: desafió a los poderes religiosos y políticos de su tiempo, se negó a doblegarse ante el imperio, levantó a los humildes y llamó a sus discípulos a un reino de amor, justicia y paz que no se parecía en nada a Roma y a su llamada Pax Romana.
Cooperative Baptist Fellowship, this is the moment to rise with courage, lift our voices and ACT. This is the moment to demonstrate that our primary, fundamental and ultimate allegiance is to Christ, his Lordship and his Kingdom. This is the moment to stop living a comfortable and safe gospel. This is the moment to unite ourselves as one body of Christ against injustice and denounce what is wrong, unjust, immoral and anti-Christ in our society—whether it comes from the left or comes from the right. This is the moment to hold fast to our Baptist roots and dissent with respect and conviction.
Y sí, puede que nos cueste algo, pero ¿qué otra alternativa nos queda a quienes estamos llamados a vivir en la tierra como ciudadanos del cielo? ¿Permanecer en silencio? ¿Permitir que continúen la opresión y la injusticia que nos afectan a todos? ¿Hablar de tener fe en Cristo, pero no vivir de acuerdo con ella? Eso sería vivir lo que Dietrich Bonhoeffer llamó «gracia barata», que él describió como «gracia sin seguir a Jesús, gracia sin la cruz, gracia sin Jesucristo, vivo y encarnado».
¿Qué tipo de ejemplo de fe sería ese para las generaciones futuras? De hecho, ¿cómo podríamos mirar a los ojos a nuestros propios hijos y nietos e instruirlos en la fe si lo que ven en nosotros es una fe muerta, una fe cobarde, una fe que no se traduce en acciones, una fe que no se parece a Cristo? Sí, puede que tenga un alto precio, pero hay mucho en juego.
No esperemos a que todo lo que está sucediendo nos afecte personalmente para decidir finalmente alzar la voz y manifestar nuestro desacuerdo. No esperes a que afecte a tus finanzas, ponga en peligro tu trabajo o perturbe tu comodidad, tus privilegios y tu futuro para decidir entonces actuar. ¡No! Eso sería puro egoísmo e hipocresía.
Levántate porque sabes que es justo y correcto, aunque no sea lo más popular. Hazlo en solidaridad con tu prójimo, entendiendo que el bienestar de cada persona es el bienestar de todos. Actúa porque hay hijos e hijas de Dios —de diferentes colores, idiomas, culturas, estatus migratorios, géneros e identidades sexuales— que, como seres humanos, han sufrido injusticias durante años y han sido empobrecidos, despojados de dignidad y privados de los derechos humanos fundamentales otorgados por Dios. Hazlo porque sabes que es lo que Cristo haría por amor, hasta el Calvario.
Cooperative Baptist Fellowship, we are the church of the risen Christ. With his resurrection, a new day dawned, and our mission is to live in the light of this glorious reality. The Kingdom of God, which Jesus inaugurated with his life, death and resurrection, is one where everyone belongs, and it must be manifested in our world through us—the living, united and active church of Jesus.
Levantémonos, pues, con valentía y determinación. Seamos disidentes fieles, defensores incansables de la justicia y el amor, hasta que veamos el Reino de Dios plenamente establecido entre nosotros, hasta que se haga la voluntad de Dios en la tierra como en el cielo. Demostrémosles a todos, con nuestras palabras y nuestros actos, que tienen un lugar aquí. Esta es nuestra vocación, nuestro privilegio y nuestra responsabilidad. Ha llegado nuestro momento. ¡Aprovechémoslo, pues! ¡Gracias!
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Fieles a nuestras raíces como disidentes
No puedo creer que ya haya pasado un año, ¡y qué año ha sido! Ha sido un año lleno de desafíos y, al mismo tiempo, de oportunidades para demostrar quiénes somos como Compañerismo Bautista Cooperativo ante un mundo que necesita el tipo de testimonio cristiano que solo nosotros estamos capacitados para dar. Para mí ha sido un privilegio poder servir este año como moderador y trabajar junto a nuestro coordinador ejecutivo durante una etapa sociopolítica tan compleja y desafiante como la que estamos viviendo.
Quiero expresarles lo orgulloso que me siento de formar parte de esta familia de fe. Una familia de fe que valora a su personal de campo y los años de arduo trabajo dedicados a la causa del Evangelio. Una familia de fe que no teme asumir las decisiones difíciles e importantes que hay que tomar, pero que lo hace con amor, con gracia, con respeto y con dignidad, como una comunidad que colabora por el bien común.
Quiero aprovechar esta oportunidad para decirles a todos nuestros colaboradores sobre el terreno —tanto a los que se acogieron al Programa de Incentivo a la Jubilación Temprana como a los que siguen prestando servicio—: ¡Gracias! Gracias por responder a la llamada de Dios. Gracias por su dedicación y por todos los años de servicio que han dedicado a la proclamación del Evangelio de Jesucristo. Su presencia, su trabajo y el impacto que, para el Reino de Dios, han tenido y están teniendo en nuestro mundo es nuestra mejor carta de presentación. ¡Gracias!
Quiero destacar algo importante y valiente que hicimos este año. Fieles a nuestro compromiso con la libertad religiosa, la autonomía de la iglesia local y la separación entre Iglesia y Estado, decidimos sumarnos a una acción legal para restablecer las protecciones de las «localidades sensibles», que han permitido a nuestras congregaciones adorar y ejercer su ministerio libremente, sin temor a interrupciones por parte del gobierno. Esta decisión fue muy significativa para mí como pastor de una iglesia de inmigrantes latinos que sintió el impacto de los cambios abruptos e inhumanos en la política migratoria que ha llevado a cabo la actual administración. Quiero agradecer a nuestro Equipo de Abogacía y Defensoría por trabajar diligentemente en esto, y quiero agradecer a nuestra Junta de Gobierno por votar unánimemente a favor de esta acción.
Ahora bien, no pensemos que lo que hicimos fue algo insólito, algo sin precedentes. ¡De ninguna manera! Esto es precisamente lo que significa ser un seguidor de Cristo bautista. Esto es lo que nos ha caracterizado desde el principio. En el corazón de nuestra identidad bautista hay un compromiso profundo con la disidencia. Siempre hemos sido un pueblo que, al enfrentarse a la injusticia, la corrupción y la coacción —ya sea del Estado, la Iglesia o la sociedad—, elige el camino de la conciencia, el camino de la convicción, el camino de Cristo.
Nuestros antepasados se opusieron a la idea de que los gobiernos debían controlar la Iglesia. Se opusieron a la noción de que la fe pudiera imponerse por la fuerza en lugar de ser libremente elegida. Se opusieron a los sistemas que negaban la dignidad de cada creyente, insistiendo, por el contrario, en que cada persona se presenta ante Dios con la libertad y la responsabilidad de buscar la verdad. Esa disidencia tuvo un alto precio. Muchos de nuestros antepasados fueron perseguidos, encarcelados e incluso asesinados por sus convicciones. Sin embargo, su valentía allanó el camino para que hoy podamos estar reunidos aquí, adorando y viviendo libremente nuestra fe.
Disentir no significa rebelarse por el simple hecho de hacerlo. ¡De ninguna manera! Disentir, para quienes seguimos a Cristo, es un acto de fidelidad: fidelidad al Evangelio, al llamado de Jesús y al valor sagrado de toda persona. Y en este momento sociopolítico que nos ha tocado vivir, debemos preguntarnos: ¿Dónde nos está llamando Dios a dar un testimonio fiel, incluso cuando ese testimonio pueda costarnos algo?
Hermanos y hermanas, estamos llamados a oponernos a cualquier ideología que pretenda sustituir a Cristo —su camino, su verdad y su vida— por el poder político, el nacionalismo, la mentira o el miedo. Como verdaderos bautistas, debemos rechazar cualquier intento de cooptar el evangelio para beneficio político o de usar el nombre de Jesús como un arma en lugar de proclamarlo como buenas noticias para los oprimidos, los pobres y los marginados.
Estamos llamados a oponernos a los sistemas que explotan y excluyen. Esta oposición no es opcional, sino fundamental para quienes seguimos a Cristo, quien acogió e incluyó a todos, en particular a aquellos a quienes los sistemas sociales rechazaron y excluyeron.
Hoy debemos preguntarnos: ¿Defenderemos la dignidad de los inmigrantes, los hambrientos, los sin techo, los pobres, los ancianos, los marginados —aquellos a quienes los líderes electos están deshumanizando y demonizando? ¿Nos mantendremos firmes con el Evangelio de Jesús contra las injusticias que nuestros funcionarios electos están cometiendo —o permitiendo que sucedan— contra los más pequeños, quienes en su mayoría son personas de rostros negros o trigueños? ¿Tendremos el valor de decirle la verdad al poder cuando las leyes y prácticas discriminatorias se presentan falsamente como «protección» o «seguridad nacional»? ¿Reclamaremos y mantendremos nuestra herencia como personas que luchan por lo correcto —no por conveniencia política, no cuando es seguro hacerlo, no solo para nosotros y los que se parecen a nosotros, sino para todas las hijas e hijos de Dios, sin importar su origen, nacionalidad o circunstancia?
Sé que, como Compañerismo, contamos con un historial en esta lucha por la justicia. Hemos alzado nuestras voces y hemos actuado en numerosas ocasiones. Pero podemos hacer más.
Estamos llamados a oponernos a la complacencia en nuestras propias iglesias. Es fácil acomodarse, dejar que el miedo al conflicto y a sus consecuencias nos impida hablar y vivir con valentía la verdad del Evangelio. Pero nuestra fe no está destinada a ser pasiva ni a mantener el statu quo. El mismo Espíritu que dio valor a los profetas, que incitó a los primeros bautistas a desafiar a los reyes y que motivó a quienes iniciaron esta Asociación a principios de los años 90, está en nosotros y con nosotros. Así que dejemos que siga obrando libre y transformadoramente a través de nosotros hoy.
Hermanos y hermanas, ser un disidente no es fácil. Requiere valentía, sabiduría, convicción y una profunda dependencia del Espíritu Santo por nuestra parte. Pero no caminamos solos por este camino. El mismo Señor Jesús fue el mayor disidente: desafió a los poderes religiosos y políticos de su época, se negó a inclinarse ante el imperio, elevó a los humildes y llamó a sus discípulos a un reino de amor, justicia y paz que no se parecía en nada a Roma con su supuesta Pax Romana.
Compañerismo Bautista Cooperativo, ha llegado el momento de armarnos de valor, alzar nuestras voces y ACTUAR. Ha llegado el momento de demostrar que nuestra alianza principal, fundamental y, sobre todo, es con Cristo, su señorío y su reino. Por eso, ha llegado el momento de dejar atrás un evangelio cómodo y seguro. Este es el momento de unirnos como un solo cuerpo de Cristo contra las injusticias y denunciar lo que es incorrecto, injusto, inmoral y anticristiano en nuestra sociedad, venga de la izquierda o venga de la derecha. Este es el momento de aferrarnos a nuestras raíces bautistas y disentir con respeto y convicción.
Y sí, puede que nos cueste, pero ¿cuál es la alternativa para nosotros, que estamos llamados a vivir en la tierra como ciudadanos del cielo? ¿Quedarnos callados? ¿Permitir que la opresión y la injusticia que nos afecta a todos se perpetúe? ¿Hablar de tener fe en Cristo, pero no vivir según ella? Eso sería vivir lo que Dietrich Bonhoeffer llamaba una gracia barata, la cual, según él, es «la gracia sin seguir a Cristo, la gracia sin cruz, la gracia sin Jesucristo vivo y encarnado». ¿Qué ejemplo de fe sería ese para nuestras próximas generaciones? Es más, ¿con qué cara miraríamos a nuestros propios hijos y nietos, y los instruiríamos en la fe, si lo que ven de nosotros es una fe muerta—una fe que se acobarda—una fe que no toma acción—una fe que no se ve como Cristo? Sí, nos puede costar caro, pero hay mucho en juego.
Ahora bien, no esperemos a que todo lo que está sucediendo nos afecte personalmente para entonces, por fin, levantarnos a defender lo que creemos y a manifestar nuestro desacuerdo. No esperes a que afecte a tu economía, amenace tu empleo o perturbe tu comodidad, tus privilegios y tu futuro para entonces decidir hacer algo. ¡No! Eso sería puro egoísmo e hipocresía. Levántate porque es lo justo y lo correcto, aunque no sea lo más popular. Hazlo en solidaridad con tu prójimo, entendiendo que el bienestar de cada uno es el bienestar de todos. Actúa porque hay hijos e hijas de Dios —de distinto color, idioma, cultura, estatus migratorio, género e identidad sexual— que, como seres humanos, han sufrido injusticias durante años y han sido empobrecidos, despojados de su dignidad y privados de los derechos humanos fundamentales que Dios les ha dado. Hazlo porque sabes que es lo que Cristo haría por amor, hasta el Calvario.
Compañerismo Bautista Cooperativo, somos la iglesia del Cristo resucitado. Con su resurrección ha amanecido un nuevo día, y nuestra misión es vivir a la luz de esta gloriosa realidad. El Reino de Dios, que Jesús inauguró con su vida, muerte y resurrección, es un reino en el que todos tienen cabida, y este debe manifestarse en nuestro mundo a través de nosotros: la iglesia viva, unida y activa de Jesús.
Levantémonos, pues, con valor y determinación. Seamos disidentes fieles, defensores incansables de la justicia y del amor, hasta que veamos el Reino de Dios manifestarse plenamente entre nosotros, hasta que se haga la voluntad de Dios en la tierra como en el cielo. Demostrémosles a todos los que están ahí fuera, con nuestras palabras y acciones, que ellos pertenecen aquí. Ese es nuestro llamado, nuestro privilegio y nuestra responsabilidad. Nuestro momento es ahora. Aprovechemos, pues, nuestro momento. ¡Gracias!