Por Eddie Adalpe
El otro día publiqué algo en Facebook que decía: «Ayudar a una sola persona quizá no cambie el mundo, pero podría cambiar el mundo para esa persona». Me gustó mucho porque describe nuestro enfoque del ministerio en España. Algunos de nuestros compañeros abordan el ministerio a una escala mucho mayor, lo que a veces me hace preguntarme si nuestro enfoque es razonable.Hace poco, unos amigos a los que ayudamos durante nuestra estancia en Albacete nos llamaron para contarnos que iban a formar un grupo de oración con personas no creyentes, igual que el que teníamos en nuestra casa. Fue muy alentador saber que los frutos de nuestro esfuerzo se estaban multiplicando. Es maravilloso ver cómo un nuevo grupo se acerca a sus amigos y vecinos.
Otra familia ha pasado de necesitar ayuda a ayudar a otros en el plazo de un año. El año pasado llegaron con solo una pequeña maleta, llevando todo lo que pudieron al escapar de una situación peligrosa. Hoy han abierto sus puertas a otra familia y están haciendo con los demás lo mismo que hicieron con ellos cuando lo necesitaban.
Me recuerda a la historia del hombre que salvaba estrellas de mar. Había tantas estrellas de mar que la gente le preguntaba si eso servía de algo, y mientras él cogía una estrella de mar y la devolvía al agua, él respondía: «Para esa sí que ha servido».