Un mensaje de Laura Ayala, coordinadora de Misión Global de la CBF: Nuestros hermanos y hermanas bautistas venezolanos, a pesar de enfrentar numerosos desafíos, han logrado coordinar con éxito una respuesta a la situación. Actualmente, su prioridad es la distribución de alimentos y kits de higiene, así como ayudar a las congregaciones de La Guaira a funcionar como centros de distribución. Las cifras oficiales reportan hasta el momento 2.000 fallecidos, 10.000 heridos y 15.000 desplazados; sin embargo, más de 40.000 personas permanecen en paradero desconocido. Dado que estas cifras y las necesidades sobre el terreno cambian rápidamente, el apoyo económico es la forma más eficaz de contribuir, ya que ellos cuentan con los proveedores necesarios para adquirir artículos de primera necesidad y medicamentos. Debido a la complejidad de la situación, no es aconsejable recolectar artículos para enviarlos a Venezuela en este momento. Informaremos a nuestras congregaciones tan pronto como hayamos establecido mecanismos fiables para hacerlo.

Por Irene María de Sousa

David Venegas, fotoperiodista para Últimas Noticias

Periodista y escritora venezolana exiliada en los Estados Unidos

Desde el pasado miércoles 24 de junio, todos los venezolanos hemos sido profundamente heridos por la catástrofe que golpeó a nuestro país. Un doble terremoto de magnitud 7,2 y 7,5 dejó a Venezuela herida de muerte.

Mientras escribo estas palabras, aún hay personas bajo los escombros esperando ser rescatadas; hay niños huérfanos y extraviados; hay quienes no logran aceptar que sobrevivieron y deambulan por las calles sin rumbo ni orientación. Muchos lo han perdido todo, pero lo cierto es que todos hemos perdido una parte de nosotros mismos.

Durante los últimos días, mis lágrimas me han demostrado que he logrado cumplir con uno de los mandamientos más difíciles que nos enseñó nuestro Padre: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”.

He pensado primero en mi familia y he agradecido a Dios por su bienestar, viviendo cada segundo con ellos desde la cruel distancia que me ha impuesto el exilio. Pero también he llorado cada muerte, cada madre que perdió la vida salvando a sus hijos, cada niño que ha quedado sin padres, como si se tratara de mi propia familia. Porque sí, todos ellos son mi familia.

Los venezolanos hemos sufrido durante décadas una dictadura corrupta y tirana que, en su afán de populismo, promovió construcciones de baja calidad que no soportaron sismos de tal magnitud. A esto se suma que hoy no contamos con los recursos necesarios para enfrentar solos una crisis de esta dimensión. Se necesita ayuda urgente, especialmente medicinas y material médico para asistir a los heridos y rescatados.

Donde ha faltado un gobierno, ha estado un venezolano intentando rescatar a un hermano. También hemos recibido ayuda de muchos países que hoy hacen su mejor esfuerzo por apoyarnos, y estaremos eternamente agradecidos por cada mano extendida en medio de tanto dolor.

Mientras las ciudades donde crecimos comienzan a parecerse a un cementerio y el formol se hace cada vez más necesario, los venezolanos en el exterior no podemos continuar nuestras vidas con normalidad. Todos estamos heridos. Sólo podemos pensar en nuestra madre patria, Venezuela, y en cómo ayudar a nuestros hermanos.

La impotencia se ha apoderado de nosotros, pero también la necesidad de alzar la voz y pedir que, como humanidad, nos unamos en oración y en ayuda concreta. Cada gesto cuenta. Cada ayuda importa. Gracias, en nombre de todo el Bravo Pueblo de Venezuela. Dios está con nosotros.

Por favor, contribuya para apoyar la labor de CBF Disaster Response en www.cbf.net/dr-give.

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