Por Elket Rodriguez

Lugares sensibles, libertad religiosa y el precio de la vaguedad

Hay omisiones que pesan más que un párrafo entero.

En la negociación para destrabar el financiamiento del Departamento de Seguridad Nacional, la Casa Blanca puso por escrito varias concesiones parciales: ampliar el uso de cámaras corporales, reforzar la identificación visible de agentes, aumentar la supervisión congresional sobre centros de detención y limitar ciertas actividades de implementación (enforcement) migratorio en “ciertos lugares sensibles”.

En la oferta pública mediante carta —cursada a las senadoras republicanas Susan Collins y Katie Britt— la Casa Blanca mencionó explícitamente escuelas y hospitales. No mencionó iglesias.

Y en este momento, esa omisión no es un detalle menor. Es el centro moral del debate.

Esto importa no solo por lo que dice del momento legislativo, sino por lo que revela del momento espiritual y político del país. Porque cuando una administración negocia protecciones para “lugares sensibles” y nombra escuelas y hospitales, pero deja fuera a las “iglesias”, está diciendo algo —aunque no quiera decirlo abiertamente.

Está diciendo que, a la hora de concretar protecciones, la libertad religiosa puede quedarse en lenguaje aspiracional, en consigna, en decoración institucional.

No estamos hablando de una discusión abstracta.

Por décadas, el gobierno federal limitó acciones de implementación de la ley migratorio en casas de adoración y otros espacios sensibles, reconociendo que irrumpir en esos lugares podía inhibir el acceso al culto y vulnerar derechos fundamentales. Esa protección fue revertida al inicio de esta administración, y desde entonces la disputa dejó de ser teórica para convertirse en algo vivido, temido y documentado.

Por eso la vaguedad no me tranquiliza. Me alarma.

Porque “ciertos lugares sensibles” no es lo mismo que una protección clara, específica y exigible. Cuando el gobierno habla en términos vagos, el peso de interpretar la seguridad recae sobre el más vulnerable:

  • la madre inmigrante que decide si ir o no al servicio del domingo,
  • el pastor que no sabe si su estacionamiento o su escuela bíblica serán considerados espacios protegidos,
  • la congregación que empieza a reunirse con miedo

Además, el contexto no permite ingenuidades.

La propuesta de la Casa Blanca no resuelve del todo reclamos clave: la exigencia de órdenes judiciales —no meramente administrativas— para entrar en espacios privados, y límites claros al uso de máscaras por parte de agentes. Es decir, incluso donde se ha ofrecido ceder, todavía hay zonas críticas sin resolver.

Por eso no basta con decir que habrá límites en algunos lugares sensibles.
La pregunta es: ¿cuáles, exactamente?

Y si la respuesta enumera escuelas y hospitales, pero no iglesias, entonces hay una ausencia que no puede maquillarse.

Más aún cuando la propia Casa Blanca creó una Comisión sobre la Libertad Religiosa (Religious Liberty Commission) mediante orden ejecutiva en mayo de 2025, con la misión de salvaguardar la libertad religiosa.

Si esa libertad es tan central, ¿dónde estuvo esa claridad cuando tocó escribir protecciones concretas para las iglesias? ¿Se consultó a la comisión al cursar esta propuesta?

Porque la libertad religiosa no se mide por cuántas veces se invoca. Se mide por cuánto protege.

Una libertad que no aparece explícitamente cuando más se necesita corre el riesgo de convertirse en algo nominal, cosmético, performative.

No lo digo a la ligera. Lo digo viendo el contraste entre la retórica y los hechos.

La batalla judicial lo confirma.

En febrero de 2025, un tribunal federal concedió una orden que protege a iglesias afiliadas al Compañerismo Bautista Cooperativo (CBF por sus siglas en inglés) y otros demandantes, limitando acciones de implementación de leyes migratorias sin orden judicial. Aunque CBF solicitó que esta orden cubriera todas las casas de adoración en la nación, esto no fue concedido.

Por lo tanto, esa protección es parcial. Recientemente, otras denominaciones  y tradiciones de fe se han unido al coro de casas de adoración pidiendo protección judicial a favor de sus propiedades. Faithworks, por ejemplo, ha buscado remedios legales similares, pero aún no ha recibido una orden judicial, lo que subraya lo desiguales que siguen siendo estas protecciones.

Pero, aun así, no cubre a todas las casas de adoración. Ahí está el punto moral.

CBF podría conformarse con su propia protección. No lo hace. Porque la libertad religiosa, o es para todos, o termina siendo un privilegio selectivo.

Mientras tanto, la evidencia sigue acumulándose.

Casos en California, Wyoming, Georgia, Carolina del Norte y otros estados muestran un patrón:
detenciones en estacionamientos de iglesias,
operativos durante ministerios de alimentos,
arrestos cerca de programas infantiles.

No estamos defendiendo una posibilidad remota.
Estamos respondiendo a una realidad.

Por eso importa la defensoría.

CBF y Faithworks llevan más de un año trabajando este tema. Desde febrero de 2025, impulsando transparencia en DHS, ICE y CBP. En las últimas semanas, intensificando ese esfuerzo: visitas al Congreso, coaliciones con líderes latinos, reuniones con legisladores, articulación con organizaciones de fe.

Las iglesias no han guardado silencio. La pregunta es si quienes gobiernan están escuchando.

Porque una cosa es hablar de fe. Otra muy distinta es protegerla cuando importa.

Hospitales y escuelas, sí. Por supuesto. Pero iglesias también.

Porque si el hospital cuida el cuerpo y la escuela forma la mente, la iglesia sostiene el alma.

Dejar ese espacio en la ambigüedad no es neutralidad. Es una decisión.

Yo no puedo celebrar como triunfo una redacción que deja a las iglesias en el margen.
No puedo llamar protección a una frase ambigua.

Pero sí puedo decir esto con claridad: Todavía hay tiempo para corregirlo.

Llamado a la acción

El Congreso debe:

  • Incluir explícitamente a las iglesias en las negociaciones sobre el presupuesto de Seguridad Nacional
  • Mantener protecciones para escuelas y hospitales
  • Exigir transparencia real: cámaras, identificación visible, límites a máscaras y respeto a la Cuarta Enmienda
  • Pass the Protecting Sensitive Locations Act (S.455/H.R.1061

Y nosotros debemos actuar.

Diles que la vaguedad no basta.
Diles que las iglesias deben ser nombradas.

Porque a veces, en Washington, lo más importante no es lo que se escribe.

Es lo que se omite.